El huerto Maya: Datos historicos

El Huerto Maya

El propósito de la Fundacion Melipona Maya es el rescate de la tradición del huerto maya y establecer las bases de un desarrollo sostenible, incluyente y compartido. A la diferencia del modelo industrial y liberal queremos que cada comunidad y familia que lo desean puedan aprovechar la herencia y la riqueza de esta tierra!! Todo lo que necesitamos está aquí y ahora y debemos valorarlo… Este trabajo universitario que les presenta nos ofrece una muy buena base para empezar!!!

LA COMPLEJIDAD DEL HUERTO FAMILIAR MAYA DEL SURESTE DE MÉXICO

Ramón Mariaca Méndez El Colegio de la Frontera Sur Unidad San Cristóbal

SOBRE EL DESARROLLO HISTÓRICO DEL HUERTO FAMILIAR

El huerto familiar está presente particularmente en los trópicos y sub trópicos del mundo, casi siempre con un desarrollo independiente entre los distintos centros o áreas de origen de la agricultura.

En el caso de Mesoamérica y partiendo de diversas fuentes arqueobotánicas, etnohistóricas y etnográficas, se han reunido elementos para reconstruirla (Mariaca et al., 2007 y Mariaca et al., 2010), presentándose una síntesis a continuación. Smith (1967), a partir de las excavaciones realizadas en el Valle de Tehuacán, Puebla, por Richard MacNeish explorando el origen de la agricultura en Mesoamérica, considera la formación de huertos diversificados (con al menos nueve especies arbóreas), a lo largo un largo período que va del 6,000 al 200 a.C., a juzgar por el cambio de tamaño de los restos arqueobotánicos de las plantas excavadas, producto de su domesticación.

Se desconoce su introducción a condiciones selváticas, sin embargo, el estudio de Varderwarker (2006: 160-161) en el sitio olmeca conocido como La Joya, concluye que durante el período formativo, una de sus funciones originales era atraer fauna para captura o caza, habiendo encontrado evidencia de al menos dos tipos de ardilla, dos tipos de conejo, pecaríes de collar (Tayassu tajacu), venado cola blanca (Odocoileus virginianus) y dos tipos de rata de campo.

En cuanto al área maya, también existen grandes vacíos de información, sin embargo, existen algunas evidencias arqueológicas de su presencia en Cobá, Quintana Roo- durante el período clásico –siglos IV al IX AC, donde el arqueólogo Barba Pingarrón (1987) excavó dos áreas delimitadas por un tecorral o albarrada de piedra, con una superficie de aproximadamente 1,300 m2, ambas con diferentes ―áreas de actividad‖, así como una depresión con una capa orgánica de suelo, contemporánea a la ocupación prehispánica. A estos elementos se les atribuye la función de huerto.

Esto último llama la atención, al compararse con el patrón de distribución habitacional que parece haber sido común en el área maya del período clásico, donde Gordon Willey (1981 citado por Benavides y Manzanilla, 1987), menciona que hay tres tipos de asentamientos residenciales: unidades mínimas, unidades de grupo (informales, como de patio) y las agrupaciones (formadas por varias unidades de grupo). Las primeras dos tenían como función principal la de construir viviendas para familias nucleares y extensas, respectivamente. Es de hacer notar que casi siempre se distribuyen en cuadrángulo, con un patio central, mismo que, si se consideran las altas temperaturas típicas de la región, es más factible mantener fresco habiendo ahí árboles que con sus copas atrapen durante el día los rayos solares que, de otra forma llegarían directos e inclementes a todas las habitaciones. En este sentido, esperando que futuras excavaciones arqueobotánicas lo confirmen o nieguen es posible pensar en la presencia de huertos familiares en dichas plazas o explanadas.

Según Pohl (1990), el núcleo de los árboles en los huertos mayas durante el período clásico eran: papaya, aguacate, zapote, anona y ramón, que crecían en el centro de los grupos de casas que estaban habitadas por familias extensas. La investigadora arguye que probablemente los campesinos mayas compartían los frutos de estos huertos, que eran combinados con los cultivos de la milpa: maíz, frijol, calabaza, mandioca y camote. La alimentación se completaba con la carne de animales que eran cazados y pescados; para esta autora, la élite consumía carne frecuentemente, pero la gente común lo hacía solamente en días especiales y la carne se cocinaba a fuego lento, o en estofados (Culbert et al., 1995; Pohl, 1990 y 2000; Schlesinger, 2004).

Para el siglo XVI, las Relaciones Histórico Geográficas de la Gobernación de Yucatán y el escrito de Diego de Landa, comienzan a proporcionar información que permite tener una mejor idea de lo que eran los huertos familiares antes de la llegada de la población europea y después.

Para el momento previo a la invasión hispana, estas tres citas nos dan una idea de lo que había: Sus jardines están adornados con árboles y mesas ricamente trabajadas destinadas a los festines […]; (Párrafo extraído del texto de una carta anónima, que en 1520 enviase un criado desde Cuba a su señor, que estaba en España, sobre […] el país recién descubierto al cual llaman Yucatán […]; (Landa, 1983 [1566]: 243).

[…] y que este Tomás López mandó despoblar los dichos pueblos para allegarlos junto a los monasterios como tengo dicho, y los pueblos que no querían despoblarse de sus asientos les mandaba poner fuego a las casas, y desde que se fue de estas tierras dejó poder a los religiosos frailes de San Francisco […] y les quemaban sus casas y les cortaban los árboles de frutas que tenían […]; (Relaciones de Dzonot: TII-85-86).

[…] tienen muchas frutas y árboles de ellas, así plantadas a mano como silvestres […]; (Relaciones de Dzonot: TII-90).

Entre 1550 y 1560 la mayoría de la población indígena de la península fue obligada a abandonar sus asentamientos ancestrales y a establecerse en ―pueblos ordenados‖, en una política llamada ―de congregación de pueblos‖, supuestamente para catequizarlos mejor (Moreno Toscano, 1987), creándose ―pueblos ordenados‖ o ―pueblos formados‖ en lugares cercanos a ciudades prehispánicas o en emplazamientos nuevos (Roys, 1957; Scholes y Adams, 1959). […] una de las cosas que ha impedido e impide la policía moral y espiritual de los naturales de las dichas provincias, es el vivir apartados unos de otros por los montes.

Por ende mando, que todos los naturales de esta dicha provincia se junten en sus pueblos, y hagan casas juntas, trazadas en forma de pueblos todos los de una parcialidad y cabecera en un lugar cómodo y conveniente, y hagan sus casas de piedras, y de obra duradera, cada vecino casa de por sí, dentro de la traza que se le diere, y que no siembren milpas algunas dentro del pueblo, sino que todo lo corten, sino fuere algunos árboles de fruta, pena, etc. (Ordenanzas de Tomás López -1552-1553- Apéndice Documento No 8; Landa, 1983 [1566]: 220).

El asiento donde al presente están todos los indios, todos los más no son los antiguos que ellos tenían, sino donde los han poblado los frailes, porque por tenerlos más acomodados para la doctrina los hicieron juntar y esto cierto fue con tanto celo, porque como la tierra es montuosa no podían ir a tantos pueblos y así tienen los más concertados, y cuando van a doctrinarlos o decirles misa hallan los más congregados (Relación de Cacalchén, Yaxa y Sihunchen: TI-339).

Esta reorganización del espacio, incluyó el nacimiento legal del ―solar‖ dado que éste fue la unidad de repartición y organización de la tierra del gobierno virreinal. Un solar medía por lo general 50 por 50 metros, habiendo cuatro solares en una cuadra de 100 por 100 metros, excepto en las casas de los principales, cuya superficie tenía 100 por 100 metros.

Esta repartición se fundamenta en ordenanzas firmadas desde la primera década del siglo XVI en España (González Jácome, 2011) en los primeros reglamentos y leyes sobre poblamiento y creación de asentamientos. Por ejemplo, la Ley 1ª firmada por Fernando V en Valladolid, el 18 junio y el 10 agosto de 1513, refrendada por Carlos I, en Toledo, el 26 de junio de 1523 y el 19 de mayo de 1525 y por Felipe II, en Toledo, el 25 de mayo de 1596; en ella se manda que: Porque nuestros vasallos se alienten al descubrimiento y población de las Indias, y puedan vivir con la comodidad, y conveniencia, que deseamos: Es nuestra voluntad, que se puedan repartir y repartan casas, solares, tierras, cavallerìas [sic], y peonías a todos los que fueren á [sic] poblar tierras nuevas en los Pueblos y Lugares, que por el Governador [sic] de la nueva población les fueren señalados, haciendo distincion entre escuderos, y peones, y los que fueren de menos grado y merecimiento, y los aumenten y mejores, atenta la calidad de sus servicios, para que cuiden de la labranza y crianza […].

… Y porque podía suceder, que al repartir las tierras huviese duda en las medidas, declaramos, que una peonía es solar de cinquenta pies de ancho, y ciento en largo, cien fanegas de tierra de labor, de trigo, ó [sic] Cebada [sic], diez de maíz, dos huebras de tierra para huerta, y ocho para plantas de otros árboles de secadal, tierra de pasto para diez puercas de vientre, veinte bacas, y cinco yeguas, cien ovejas, y veinte cabras.

Una cavalleria [sic] es solar de cien pies de ancho, y docientos de largo; y de todo lo demás, como cinco peonías, que serán quinientas fanegas de labor para pan de trigo, o cebada, cinquenta [sic] de maíz, diez huebras de tierra para huertas, quarenta [sic] para plantas de otros árboles de secadal, tierra de pasto para cinquenta puercas de vientre, cien bacas [sic], veinte yeguas, quinientas ovejas, y cien cabras. Y ordenamos que se haga el repartimiento de forma, que todos participen de lo bueno y lo mediano, y de lo que no fuere tal, en la parte que a cada uno se le debiere señalar.

Volviendo al proceso de reducción, junto con la creación de nuevos pueblos, también se dio una acelerada construcción de conventos a costa de la explotación de la población local, la que al ver trastocada su forma de vida y de producción, […] fueron apremiados por un Tomás López, Oidor de Su Majestad […] y éste los apremió que se mudasen y dejasen sus casas, árboles de frutas, labranzas y sementeras, para que se llegasen a los monasterios […] y los que no querían mudar de buen grado, los mudaban por fuerza y contra su voluntad, quemándoles sus casas y cortándoles sus árboles y plantas que tenían en sus casas, que habían plantado y sembrado ellos mismos […]; (Relación de Kanpocolché y Chocholá: T II: 325).

Para empeorar su situación, la corona hispana impuso el cultivo del añil, planta cuyo ciclo era igual al de la milpa, lo que carencia de alimentos tanto para la población maya como para la hispana.

Junto a lo anterior, es factible que al desaparecer por algunos años el papel proveedor de los árboles frutales sembrados en torno a las casas de los pobladores nativos, se acrecentara el problema de las hambrunas en épocas difíciles, sobre todo con la llegada de eventos anuales como los nortes, ciclones y sequías, como se lee en el siguiente párrafo: Y si suceden buenos años siempre tienen abundancia de comida, aunque algunos años son estériles de aguas, padecen necesidad de hambre, y algunos años vienen por el mes de agosto y septiembre algunas tormentas de vientos muy recios que derriban árboles y las sementeras, y cuando esto acaece padecemos necesidad todos los indios y nosotros los españoles de comida […] (Relaciones de Dzonot: TII-88).

Finalmente, al ser confinados los nuevos huertos familiares a terrenos delimitados dentro del solar, se impuso la construcción de bardas perimetrales de piedra denominadas albarradas, trayendo esto también una última consecuencia, y es que mucha de la fauna que se desplazaba libremente entre la vegetación cultivada y el monte, dejó de hacerlo, disminuyendo la posibilidad de ser capturada o cazada en ese espacio.

A consecuencia de todos estos cambios, la población maya comenzó fallecer en cantidades nunca antes vistas.

Es importante mencionar que mientras el trabajo de la milpa era responsabilidad del jefe de familia, el trabajo del huerto familiar estaba a cargo de la mujer: [Las mujeres] son grandes trabajadoras […] de ellas cuelgan los mayores y más trabajos de la sustentación de sus casas y educación de sus hijos, y paga de sus tributos, y con todo esto, si es menester, llevan algunas veces carga mayor labrando y sembrando sus mantenimientos. Son a maravilla granjeras, velando de noche el rato que de servir sus casas les queda, yendo a los mercados a comprar y vender sus cosillas. Crían aves de las suyas y las de Castilla para vender y para comer. Crían pájaros para su recreación y para las plumas, con la que hacen sus ropas galanas; y crían otros animales domésticos de los cuales dan el pecho a los corzos, con los que los crían tan mansos que no saben írseles al monte jamás, aunque los lleven y traigan por los montes y críen de ellos […] (Landa, 1983 [1566]: 66).

Las plantas cultivadas por los mayas del siglo XVI (se mencionan como se ―[…] encuentran en el monte así como también son cultivadas […]‖) en los huertos familiares eran alrededor de 57, (incluyendo la posibilidad de que el maíz, los frijoles, las calabazas, el algodón, así como algunos tubérculos y raíces estuviesen ahí). A esto es factible agregar unas 16 especies más, que si bien no son mencionadas como ―cultivadas‖ en las fuentes del siglo XVI, están presentes en los huertos familiares de los siglos XX y XXI, lo que podría entonces permitir afirmar que entre 57 y 75 especies estaban presentes en el huerto maya yucateco en el momento de la intromisión hispana.

Plantas presentes en el huerto familiar maya-yucateco del siglo XVI (Mariaca et al., 2010)

– Henequen

– Jobo

– Anona Saramuyo

– Guanabana

– Anona roja

– Flor de mayo

– Jicaro

– Cojon de toro

– Huevo de puerco

– Jicara pequeña

– Pepino kat o de árbol

– Cuajilote

– Achiote

– Roble

– Copal

– Palo mulato

– Nopal

– Pitahaya

– Balché

– Mamey

– Aguacate

– Royol

– Ramón

– Guaya

– Chicozapote

– Kaniste‘

– Huele de noche, galán de noche

– Ficus cotinifolia

– Camote

– Calabaza

– Calabazo

– Chaya

– Yuca

– Jícama

– Frijol

– Ibes

– Platanillo

– Algodón

– Maíz

– Chiles

– Jitomate

– Doradilla

– Siricote

– Cacao

– Nance

– Cedro

– Guayaba

– Pimienta de la tierra

– Guano

– Jaboncillo

– Caimito

– Tabaco

– ….